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Sudakas, Décolonisations des corps | 2019 

15º Bienal de Arte Contemporáneo de Lyon, Francia


Sudakas es una intervención performática de los artistas Mario López (Brasil), Delfina Martínez (Uruguay) y Leho De Sosa (Uruguay) Que busca exponer la colonización desde una perspectiva sudamericana en un contexto europeo. Fue presentada en la 15º Bienal de Arte Contemporáneo de Lyon en 2019 en el marco del FACT Festival d’Art et Créations Trans. 

 

Los artistas proponen una acción artística para visibilizar la violencia y el peligro que enfrentan los cuerpos disidentes racializados y de género disidente en un contexto que perpetúa el patriarcado y la desigualdad. La situación en América Latina es crítica, con amenazas y vulneraciones a las libertades de los cuerpos no hegemónicos por parte de los Estados. Esto es un llamado urgente de denuncia desde los sectores más oprimidos, destacando el arte como herramienta fundamental para visibilizar estas luchas y mantener viva la memoria colectiva de resistencia en América Latina.

 

Esta acción formó parte de un ciclo de conferencias de cuatro días ocupando un espacio instalativo, construido con residuos de la última pieza del director de teatro Philippe Quesne, "Crash Park"

Texto performatico completo

Ubicando otros cuerpos, otras ideas, otras identidades, territorialidades, sexualidades, formas de vincularse y otros grupos étnico raciales, este es un paradigma que se aleja del antropocentrismo renacentista, o más bien lo resignifica. Derribar la idea del “Hombre” como humanidad y así construir una narrativa en primera persona desde el “Ser Oprimidx”. El punto de partida es la desigualdad, el cuerpo disidente que resiste por la capacidad de ser resiliente y transgredir esa ubicación establecida por los estándares de la hegemonía imperante. La idea de comunidad que es la única posibilidad de avanzar, de sanar y de materializar otros horizontes posibles. Frente al problema, ver la posibilidad de algo nuevo, de creación. El escape hacia un espacio físico y no físico que sea seguro para habitar. Como los quilombos. Pensar una isla como un espacio propio, quizás como un oasis es una forma de habitar ciertos espacios desde la creación de nuevos horizontes en otras formas de existencia. A su vez generar una isla propia en todos los sentidos, olvidando la existencia de otros y otras donde el ego ocupe el lugar central significaría destruir el valor de lo comunitario y ser funcionales al capitalismo. Donde el “passing” o el encajar y ser obsecuente con las mayorías, es concebido como un valor, como la máxima, algo así como un salvavidas donde solo puede entrar uno mismo. El contexto latinoamericano demuestra que a pesar del resultado del progresismo que se vivió desde mediados de la década pasada y casi toda esta década, la falta de memoria colectiva dio lugar a que nuestras sociedades intenten buscar soluciones fáciles para problemas estructurales. Es ahí donde surgen estos nuevos líderes políticos vinculados a la derecha y la extrema derecha siguiendo esta idea del salvavidas. Particularmente en Uruguay vemos que a pesar de los avances sociales que hemos construido con leyes que reconocen colectivos enteros históricamente postergados, esto es visto como algo negativo por muchos, introduciendo el concepto de “populismo” y un falso descreimiento en el sistema democrático que finalmente dieron legitimidad a nuevas figuras políticas que hasta hace poco solo pertenecían al ámbito de lo religioso y lo militar. Nuestros cuerpos sudakas-racializados-disidentes se ven amenazados por un nuevo avance neoliberal en America Latina, una herramienta imperialista que vuelve a atentar contra el avance en derechos y la autonomía de nuestros pueblos, un rebrote imperialista que en países como Brasil, Ecuador, Bolivia y Chile han despertado a la población. Pero la represión y persecución de las revueltas nos hace recordar a las dictaduras que sufrimos en los años 70. Aunque Uruguay ha sido una isla con la democracia mas firme latinoamericana y una agenda de derechos de avanzada, la colonización cultural y económica está atentando contra esos logros, que recaerán no solo sobre las leyes, sino directamente sobre nuestros cuerpos Proponemos realizar una artcción artística performática que ponga en evidencia el peligro y la violencia que sufren nuestros cuerpos disidentes sudakas, racializados, travestis, trans, tortas, maricas, personas de género no binario, en un contexto geopolítico que busca perpetuar el patriarcado, el machismo y la hegemonía binaria, profundizando la desigualdad social, el acceso a los derechos, el colonialismo neoliberal, el capitalismo salvaje utilizando las herramientas represoras. La obra fue presentada en noviembre de 2019 en la Bienal de Arte Contemporáneo de Lyon, en el marco del FACT (Festival Arts et Créations Tans), en una etapa de experimentación y como una necesidad física de exponer la colonización en un contexto europeo, entendiendo y atravesando el cuerpo migrante y sudaka. America Latina se ve en una situación de riesgo, donde la liberta de nuestras existencias que han sido marcadas por la resiliencia, está ya no solo siendo amenazada, sino que sufre la vulneración en manos de los Estados. Un grito desesperado desde las manos rajadas de lxs trabajadorxs indigenas, desde los ojos ciegos por las balas de goma y los cuerpos ultrajados de jóvenes por los carabineros en Chile, desde el terror en los barrios periféricos de Río de Janeiro bajo las balas de los helicópteros de la policía, las mujeres oprimidas, las personas con identidades generico-sexual disidentes que son blanco de un neofascismo amparado en ideas fundamentalistas y religiosas, de las personas desaparecidas y muertas en los procesos actuales de desobediencia social que desde el cistema político - económico - religioso - mediático intentan hacer ver como subversión desmedida. Nuestros cuerpos son el foco del odio basado en la existencia de una otredad disfuncional, una otredad que al escapar de esa lógica blanca, binaria, heteronormada, capitalista, machista y elitista, es leída como un objeto a eliminar, un cuerpo desechable posible de ser exterminado, para implantar ese orden que la tradición occidental ha llamado natural. Como soporte sonoro y contexto visual recurrimos al material audiovisual que está publicado en redes sociales y plataformas digitales, un concepto que trabajamos como forma de colectivizar y plasmar la denuncia en primera persona, desde esos cuerpos e identidades que denuncian in situ y son invisibilizados por los medios hegemónicos. El arte es nuestro motor de denuncia, nuestra forma de ser vehículo de la ancestralidad, de una memoria colectiva de luchas pasadas, que hoy más que nunca sentimos viva en la carne, siguiendo el ritmo de la sangre de las venas abiertas de America Latina.

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